Durante su gira de medios realizada a lo largo y ancho del departamento, el gerente de La Empresa de Licores de Cundinamarca, Dr. Nicolás Forero Obregón, hizo una de sus escalas en el municipio más importante de la región Sabana de Occidente: Facatativá. Aquí, en el primer destino de su travesía, conversó y compartió sus avances, logros, experiencias, objetivos y proyectos que, desde la gerencia de la empresa de Licores de Cundinamarca, se han venido adelantando en pro del desarrollo, la cultura, el deporte, la salud y la reactivación económica en la región, todo a través de las marcas y los productos más representativos de esta emblemática empresa cundinamarquesa, como lo son: Aguardiente Néctar y Ron Santa Fe. Éste compartir con nuestro medio escrito y aliado comunicativo de la E.L.C., dejó ver los resultados, logros y el buen momento por el que pasa la empresa más importante del departamento en materia productiva, financiera, administrativa, ambiental, social, tecnológica y de solidez nacional e internacional. A ritmo de música llanera y en medio de la gastronomía y las delicias típicas de nuestro municipio, el gerente Nicolás Forero, compartió con invitados especiales del periódico de Identidad Propia, un rato de esparcimiento, ameno, agradable y de gratos recuerdos con comerciantes, líderes, artistas y demás seres maravillosos que, con cariño, hospitalidad y admiración, dejaron en él y su equipo de trabajo, el mejor recuerdo de Facatativá. El encuentro del Dr. Nicolás Forero con el periódico Identidad Propia de Facatativá, en su gira Regional de medios por el departamento, se llevó a cabo en el restaurante Parrilla Bar MANJUI.
La Facatativá del ayer…
Facatativá, la estación donde la historia se quedó a esperar el tren. Por: Wilson Rivera Fotógrafo Profesional de Facatativá Columnista Invitado. A veces pienso que la historia de Colombia no se escribió en los salones dorados de las capitales, ni en las actas de los congresos, ni en las encopetadas salas de los palacios de los sabios republicanos. Pienso, más bien, que la verdadera historia se nos fue quedando atrapada en los pueblos donde aún huele a leña y a agua panela, en los andenes donde la lluvia no cae: se queda a conversar. Uno de esos lugares es Facatativá, un pueblo que parece un suspiro detenido entre la sabana y las montañas. Cuentan los viejos, esos que aún se sientan en las esquinas a mirar cómo pasa el viento, que aquí pasó el país entero sin que nadie lo notara. Dicen que el general José María Melo bajó de su caballo una mañana de 1854, cuando la bruma era tan espesa que se podía cortar con cuchillo, y habló con los artesanos de la sabana sobre una república distinta, con menos coroneles y más pan. Dicen también que su voz se quedó resonando en las casas enormes del centro, donde decidió instalar su sede de gobierno. Y aunque su intento de insurrección fue barrido por las bayonetas de siempre, Facatativá le abrió sus caminos y su silencio rotundo, como si presintiera que algún día alguien escribiría sobre él sin miedo ni adorno. Muchos años después, estalló la Guerra de los Mil Días, y la patria se hizo trizas entre telegramas y cañones. Facatativá volvió a ser tránsito de hombres con hambre y rifles, paso de trenes con destino incierto. En su estación retumbaban los pasos de soldados que partían a pelear sin saber por qué, y que, a veces, regresaban sin alma pero con los ojos más abiertos. En el hospital militar del valle de Corito las tropas liberales curaron a sus heridos, en las casas grandes se escondieron manifiestos bajo los tapetes de las abuelas, y se rezaron oraciones que mezclaban santos y comandantes, vírgenes y consignas. Muchos hoy desconocen que en el alto de La Tribuna se libró una de las ultimas batallas de la guerra y como recuerdo, un arco decoró por años el centro de Bogotá. Y luego vino el siglo XX, con su aire de modernidad, pero sin limpiar del todo el barro de las botas. El tren, que había traído noticias y café, también trajo a los hombres grises que hablaban de progreso como quien habla de un milagro que no llega. Pero Facatativá, testaruda como siempre, siguió floreciendo entre la ruina. Las escuelas crecieron. Las mujeres empezaron a contar la historia desde sus ventanas. Los campesinos, que antes solo bajaban para el mercado en el parque principal, comenzaron a hablar de educación y derechos. Y aunque el país seguía girando como un trompo, este pueblo conservó su alma como se conserva una carta de amor: doblada, escondida e intacta. Porque si algo tiene Facatativá es memoria. No la memoria polvorienta de los archivos, sino la viva, la que se cuenta en las tertulias de los cafés, la que se canta en las guabinas y los bambucos que nos enseñó a disfrutar Luis Eduardo Rozo León, las que cuenta la sala museal que Jairo Armando Becerra y yo ideamos un día y la que se guarda en las piedras como como un secreto antiguo del paso de los primeros habitantes. Hoy, cuando Colombia parece olvidar cada día lo que fue ayer, Facatativá sigue siendo ese sitio donde la historia no se va, sino que se queda esperando el próximo tren. Y uno siente, al caminar por sus calles, que aquí todavía se puede vivir feliz. Porque este no es un pueblo que vive de la historia. Es un pueblo que la respira.
Asadero El Zipa
49 Años, con el mejor sabor, el mejor tamaño y la mejor calidad. Lo que, en 1970, comenzó siendo una de las panaderías más prestigiosas del municipio, llamada Panificadora Real, terminó convirtiéndose, desde 1976 y hasta la fecha, en el más grande, importante e icónico asadero de pollo de Facatativá, conocido como El Zipa. Inicialmente, estuvo ubicado en la calle 5 con carrera 5 esquina y se llamó “El Refugio”; nombre que surgió gracias a la peripecia de un hombre, víctima de una riña callejera, quien, por salvar su vida, terminó refugiándose en ese primer asadero de pollos que Don Luis Enrique Duarte Vanegas, puso en funcionamiento en Facatativá y que poco después, se transformó en “el papá de los pollitos” o mejor, en el pionero de los asaderos de pollos en el municipio. Tiempo después de abrir sus puertas en aquel punto estratégico de la ciudad, Asadero el Zipa se trasladó al sitio en el que, históricamente, se ha posicionado como un emblema del sabor y la tradición entre los demás en el municipio y convertido, en un Patrimonio Comercial de Facatativá, desde hace 49 años. Situado en la carrera 4 con calle 5, en la esquina del sabor, el Asadero El Zipa ha sido un referente de la cocina típica colombiana y un ejemplo de resiliencia, compromiso y perseverancia, cuando de emprender en familia se trata; prueba de ello, es el tesón, el amor y el esfuerzo, que le han puesto Luis Enrique Duarte Quintero y su hija María Fernanda Duarte, a ese valioso legado que les concedió con años de trabajo y entrega, sus padres y abuelos Luis Enrique Duarte Vanegas y Doña María del Carmen Quintero y que hoy, conservan intacto, vivo y próspero. El sabor del pollo asado en el Asadero El Zipa, es inconfundible, inigualable y único, así como su imagen y su razón social, ambos, inspirados en los primeros pobladores del Cercado de los Zipas y en su milenaria tradición gastronómica. Disfrute del mejor pollo asado y a la broaster de la ciudad, sus platos especiales y sus exquisitas sopas de menudencias, sopa de arroz, ajiaco y mondongo; platos a la carta, sobre barriga, carne asada, churrasco, pechuga a la plancha, mojarra frita, arroz con pollo, bandeja con pollo, chuleta de cerdo y muchas más delicias, con el sabor original de Asadero El Zipa. Además, los combos familiares y las deliciosas hamburguesas. No lo piense más, vaya y deleite el pollo más jugosito, doradito y con el mejor sabor, el mejor tamaño y la mejor calidad, que solo le da el Asadero El Zipa.
Almacén EN ELECTRO FERNÁNDEZ
57 años, irradiando buena energía en el corazón de cada familia. Haber hecho parte de las fuerzas militares en un contexto donde la violencia azotó drásticamente al país y en una época donde la radio y la televisión, habían nacido para ser un puente entre la sociedad y el Estado, hizo que Don Felipe Fernández Gelves, un pamplonita de nacimiento y facatativeño por adopción, pusiera todo su interés en la ciencia y el arte que, años más tarde, le daría la posibilidad de edificar un futuro promisorio junto a su esposa Aura Galvis de Fernández y su venidera familia. Aprender todo lo relacionado al manejo, mantenimiento y reparación de toda clase de circuitos, conexiones y sistemas integrados de radiocomunicación, fue crucial y muy oportuno para que don Felipe, direccionara sus conocimientos y sus habilidades en la electrónica y las encaminara hacia su nuevo proyecto de vida, pero esta vez, por fuera de los batallones, los camuflados y la doctrina castrense que promueve la defensa de la patria. Todo comenzó en 1968, con la fabricación de un rústico equipo de sonido portátil, compuesto por un pequeño amplificador y una vieja corneta, el cual tenía como destino apoyar las actividades de las Juntas de Acción Comunal, en su propósito de colaborar con una noble causa para su comunidad; ahí en ese momento, nació en Facatativá el almacén En Electro Fernández, una idea pensada en brindar soluciones, a los múltiples inconvenientes eléctricos y electrónicos que, inevitablemente, se presentan en cualquier hogar colombiano. En ese año, Don Felipe y Doña Aura abrieron las puertas de su negocio en Facatativá y pusieron a disposición de toda la ciudadanía, un lugar en donde los radios, los televisores o cualquier aparato electrónico que haya sufrido algún daño, pudiese ser reparado de manera exitosa y continuara prestando el servicio para el cual fue creado. Por quebrantos de salud, en el 2008 Don Felipe Fernández Gelves, tuvo que apartarse del ejercicio que lo dio a conocer y lo hizo grande en el mundo de los circuitos, los conectores, los fusibles, las resistencias, las pantallas, la soldadura de estaño, los cables, etc., y dejara en su lugar, a la continuación de su sapiencia y sus virtudes, a dos de sus cuatro hijos: Iván y William Fernández Galvis, dos seres humanos excepcionales con el mismo carisma, cordialidad, rectitud, humildad, responsabilidad y vocación de servicio, propios de su padre. Ellos, junto a su selecto grupo de experimentados y leales trabajadores, se mantienen al frente del almacén En Electro Fernández, un lugar que, a lo largo de 57 años de existencia, ha evolucionado para ofrecerles el mejor servicio, la mejor calidad y el mejor surtido, a los mejores precios; allí encontrará todo lo que usted necesita, para el buen funcionamiento de su hogar o su lugar de trabajo. Lámparas, extensiones, cables, iluminación, grifería, calentadores, duchas eléctricas, repuestos para ollas a presión, estufas a gas y eléctricas, licuadoras, lavadoras, neveras, televisores y radios; además herramientas, estabilizadores, accesorios para baño, dispositivos eléctricos, contactores, accesorios para redes de cómputo y mucho más.
Un himno a mi tierra
En la conmemoración de los 425 años de Facatativá, queremos rendir un merecido homenaje a un hijo ilustre de esta tierra y a su legado cultural, representado en sus hijos y sus significativas obras, hechas poesías y hermosas canciones. Con estas líneas y un profundo sentimiento de gratitud y admiración, recordamos al abogado, poeta y escritor, Dr. Luis Eduardo Moreno Camacho, un baluarte en la historia y la cultura del “Cercado Fuerte al Final de la Llanura”. Luis Eduardo Moreno Camacho. Nació en Facatativá, el 24 de agosto de 1918, falleció en la misma ciudad, el 8 febrero de 1994. Estudió en el colegio Ramírez de Bogotá, adelantó estudios en derecho y luego se graduó como abogado, en la Universidad Libre De Colombia, fue Concejal, Secretario de Tránsito, Personero Municipal y Juez. Sus Padres fueron el poeta y abogado Campo Elías Moreno Bejarano y su esposa la señora Alicia Camacho Acosta. Se casó con la señora Etelvina Gaitán Azuero y de esta unión nacieron seis hijos: Aura Alicia, Eduardo, Luz Myriam, Álvaro, Gloria Graciela y Jaime. Como Escritor y poeta, dejo una obra literaria extensa; cabe destacar el libro “Ambos”, recopilación de cartas escritas en verso por el poeta Luis Eduardo y su esposa, la poesía “Mi Facatativá”, “Mis Tres niñas”, “Canción de los 15 años”, transformadas en canciones por Dr. Ricardo Álvarez Galvis. Compuso la Letra del himno de Facatativá, también con arreglos musicales del Dr. Ricardo Álvarez. Historia del himno de Facatativá En julio 18 de 1980, el poeta Luis Eduardo Moreno Camacho escribió una poesía titulada “Mi Facatativá” convertida en canción por el Dr. Ricardo Álvarez Galvis. Luego, en los encuentros de facatativeños, esta canción fue tomada como himno. El Dr. Camacho pensó en escribir un himno con toque marcial y en diciembre 6 de 1981 compuso la letra del himno de Facatativá. El Dr. Álvarez compuso la música, dando como resultado el hermoso himno, orgullo de Facatativá. Agradecimiento y bibliografía: Familia Moreno Camacho.
Facatativá en la prehistoria
Proceso de formación de Facatativá hasta su fundación • La formación del territorio de Facatativá en su parte física se formó con los Andes y un gran lago, hace 50 millones de años en el Pleistoceno. • Finalizando el Holoceno, en el altiplano cundiboyacense a ese período se le llamó Paleoindio 12.500 años (según Correal, Groot, Van der Hammen, Reichel-Dolmatoff) donde se encontró, una industria lítica, lascas prismáticas y laminares. • Estos datos indican que la llegada del hombre a la Sabana de Bogotá se produjo hace 12.500 años, la temperatura fue mejorando y se desarrolló el bosque andino y proliferaron distintos animales. Hay ocupación humana en la región de cazadores, que dejaron múltiples artefactos, raspadores, cuchillas elaboradas sobre lascas, así como raederas, fogones y restos de fauna hallados en estos yacimientos arqueológicos, combinada con la recolección de plantas y moluscos. • Hace 5.500 años A. C.), el período se le llamó la Herrera, había cazadores recolectores; se ubicaban en sitios cercanos a los cuerpos de agua donde podían cazar mamíferos, especialmente el venado, y animales pequeños y recolectar tubérculos. • Los grupos eran muy pequeños, no sobrepasaban los 25 individuos, construyeron adecuaciones del suelo mediante pisos de piedra en casi todos los sitios precerámicos, con la intención de permanecer durante más tiempo en el mismo lugar. Fueron los primeros agros alfareros, construyeron sistemas hidráulicos para el manejo de las aguas del río Bogotá y afluentes); en este período desarrolla la agricultura del maíz, fríjol y otros productos. Se desarrolla la textilería, alfarería, cerámica. En el Parque Arqueológico de Facatativá, hubo la presencia de pictografías y su relación con la ritualidad, y los abrigos rocosos que pudieron servir de refugio habitacional a diferentes grupos poblacionales asegurando una mayor estacionalidad. Llegaron los muiscas entre el 500 a.c. y el 800 d.c. una oleada de pobladores al altiplano cundiboyacense, cuya presencia está indicada por cerámica pintada y por obras de adecuación agrícola y de vivienda. Habitaron de manera dispersa en la parte seca de los valles donde mandaba un cacique o señor, con una organización política, administrativa, social, económica, las fronteras eran muy fluidas y dinámicas, conectadas mediante un amplio sistema de intercambio de productos, además, por el hecho de que los asentamientos se ubicaban en valles separados por montañas y zonas anegadizas que impedían altas concentraciones poblacionales. El cacique de Bogotá o Tisquesusa, dirigente de su comunidad, en sus ratos de esparcimiento iba a la “casa del monte”, Cercado de los Zipas” y en octubre de 1538 fue atacado por las tropas españolas quienes le dispararon, hiriéndolo de muerte. Los Usaques le enterraron según la costumbre en un sitio secreto. Con la llegada de los españoles, se inició el proceso de conformación de una nueva sociedad que integraba tanto las tradiciones muiscas y las hispánicas Estaba organizada en núcleos de población en Chueca, Pueblo Viejo, o Tocatativá, Teuta, Niminxaca, Chisachasuca. Rodríguez Freile cita: como, primer encomendero de Facatativá a Juan Fuertes, en 1540, de la tropa de Federman. Los verdaderos fundadores o civilizadores fueron los conquistadores españoles Alonso Olalla Herrera y Hernando de Alcocer, quienes llegaron al Nuevo Reino de Granada con Nicolás de Federman, pero no hay documento que confirme si la fundaron. Cátedra Facatativá 1107 Flores de Ocáriz sitúa la fundación entre 1540 y 1543. En marzo de 1575 la Real Audiencia tasó los indios Facatativeños para que cada uno pagara el tributo al encomendero. Los frailes mandaron construir la capilla doctrinera en la parte baja de Pueblo Viejo (Tocatativá) allí, los indígenas eran catequizados y les enseñaban, el idioma y nuevas técnicas agropecuarias. En 1595, había de tres poblamientos aborígenes importantes: Facatativá, Pueblo Viejo o Tocatativá y Chueca. “En autos o actas de Repoblación hicieron visitas a la región: la del Oidor Miguel de Ibarra el 29 agosto de 1594, el 3 de julio de 1600 el Oidor Licenciado Diego Gómez de Mena, el 17 de junio de 1639, el oidor Gabriel de Carvajal, con el fin de organizar una nueva ciudad española, pero no hubo fundación, sino repoblamiento. o reagrupamiento y se consideró hasta 1852 a Facatativá como Pueblo de Indios. Durante la colonia, Facatativá se hizo importante como lugar de escala en el Camino Real de Santa Fé a Honda y viceversa. Con el Acuerdo municipal 013 de 1993 diciembre 22 se legisla la “Efemérides de la fundación de Facatativá”. para el 3 de julio de cada año. Fuente: facatativa.com; colombiapis.com;
Postres SAINCE
Marina Pulido de Moreno, fundadora de Postres SAINCE. En 1973, 4 cucharadas de azúcar, dos tazas de leche, una libra de harina de trigo, unas cuantas frutas y un molde refractario, fueron suficientes para que las prodigiosas manos de Doña Ana Carlota Bernal y sus conocimientos de antaño en la cocina, idearan una deliciosa fórmula, repleta de amor e inspiración que revolucionaría, el fascinante mundo de la pastelería en Facatativá. Esa dulce creación de aquel entonces, hoy se ha convertido en la fábrica de Postres SAINCE, un exitoso emprendimiento familiar, 100% Facatativeño, que sobresale por su variedad, calidad e inigualable sabor. Marina Pulido de Moreno, es una de las hijas de Doña Ana Carlota y la encargada de mantener viva, junto a sus tres hijos y sus dos nietos, ésta dulce tradición y producto insignia de nuestro municipio, por más de 26 años. Desde que abrió sus puertas y hasta el día de hoy, Postres SANCE continúa atendiendo a su distinguida clientela en la casa familiar de toda la vida, ubicada en el barrio Las Piedras y muy cerca del Parque Arqueológico de Facatativá, “Piedras del Tunjo”. A pesar del impacto en la economía general del momento, la pandemia del COVID-19, resultó ser una oportunidad para tecnificar los procesos de producción y la administración del negocio, por esta razón, sus hijos Sandra, Ingrid, César y ahora sus nietos, se han involucrado, tanto en innovar como en conocer nuevas técnicas de repostería, para aprender la labor que ha sido el sustento y motivo de crecimiento para toda la familia. La gran familia de Postres SAINCE El principal propósito que ha tenido Postres SAINCE en Facatativá y su entorno, es dar a conocer y promocionar el postre típico del municipio, el popular Dulce de Papayuela, una fruta nativa y propia de climas fríos, páramos y regiones bajas tropicales. Postres SAINCE se destaca en el mercado de la pastelería, a nivel local y departamental, por su variedad de productos tales como: Arroz con Leche, Mielme Sabe, Dulce de Durazno, Leche Asada, Fresas con Crema, Cheesecake, Delicias de Chocolate, Carnaval de Gelatinas, Merengón, Panacotas, Tiramisú, Brevas con Arequipe, Obleas, Cuajada con Melao y sus nuevos productos, la Milhoja Vélez y el Mousse de Maracuyá Light, especial para personas diabéticas; en fin, toda una extensa gama de provocativos manjares, elaborados con los mejores ingredientes y el toque secreto, que cautivará su paladar. En medio de sus deliciosas recetas y el carisma que la caracteriza, Doña Marina ha puesto en cada postre que prepara, un pedacito de su dulce legado, Ella, más que una apasionada chef de pastelería, es una hija noble, una madre amorosa y una abuela ejemplar que decidió, a través de sus exquisitas creaciones, enfrentar la vida y emprender un futuro junto a sus relevos generacionales, saboreando cada desafío, disfrutando cada experiencia y valorando cada logró, con dedicación, humildad y mucha dulzura en su corazón. No se quede con las ganas de conocer éste Patrimonio Comercial de Facatativá y probar los deliciosos Postres de SAINCE. Encuéntrelos y disfrútelos en la calle 5 # 9-76, Barrio Las Piedras. Atención de Lunes a Viernes de 2 pm a 5:30 pm; Sábados, Domingos y Festivos, de 10:30 am a 6:30 pm.Domicilios al WhatsApp en el 3115339819.Para más información, síganos en Facebook: Deliciosos Postres Saince y en Instagram: postres_saince, una dulce tradición para su paladar. “Me siento muy orgullosa y muy feliz de ser un Patrimonio Comercial en Facatativá y sobretodo, de poder endulzar, desde hace 26 años el paladar de los facatativeños y turistas, con las deliciosas recetas heredadas de mi madre. Agradezco a todos nuestros clientes por su fidelidad, su confianza y por preferirnos. Con la bendición de Dios, seguiremos representando a Facatativá, con nuestros exquisitos postre… porque la tradición debe perdurar” Marina Pulido de Moreno Propietaria de SAINCE de Facatativá.
Almacén y Joyería MARCLE
30 Años, regalando momentos inolvidables Con sus vitrinas metálicas que enmarcan la miscelánea y se transparentan, para descubrir en ellas, las cajas repletas de curiosidades y de artículos clásicos, coloreados con sus empaques brillantes y contrastados con los tonos claros del cuero o el terciopelo, con un orden de las cosas que parece aleatorio, pero que deja saber en dónde está ubicado, hasta el artículo más pequeño, se ha construido ese lugar del que, Doña Martha Patricia Macías y Don Clemente Sandoval, se sienten orgullosos de haber creado un día cualquiera del mes de julio de 1995 y el cual denominaron, en honor a sus nombres, Almacén y Joyería MARCLE. Y aunque inicialmente, comenzó siendo un local de venta de electrodomésticos, MARCLE fue transformando su esencia comercial y sus expectativas financieras, para encaminarlas hacia el negocio de los metales preciosos y la joyería, labor que, como orfebre, Don Clemente conocía a plenitud y el cual se cimentó el sueño que, junto a Doña Martha Patricia, se convirtió en una realidad y por ende en un Patrimonio Comercial de Facatativá. En tiempos difíciles como el de la pandemia, Doña Martha Patricia y Don Clemente, tuvieron que solventar meses y meses de incertidumbre, con sus puertas cerradas y las deudas en fila, esperando volver a llenar con números positivos, los cuadernos cuadriculados que han sido testigos de sus finanzas. Sin desfallecer, pero con fe, perseverancia y muchas ganas de salir adelante, MARCLE, superó la crisis y se reinventó, para seguir vigente en el sector comercial más importante del municipio y por supuesto en el diario vivir de su apreciada clientela. Visitar y comprar en el Almacén y Joyería MARCLE de Facatativá, no solo es vivir un instante lleno de emociones, acompañadas de una atención personalizada, precios justos, amplio surtido y un excelente servicio, sino también, ser parte de una gran familia, esa misma en la que Don Clemente, Doña Martha Patricia, su hijo Julián David y desde luego, Janeth y Rocío Duque Martínez, sus más apreciadas, fieles e incondicionales secretarias; han unido esfuerzos para brindarle a todos sus clientes, la maravillosa experiencia de regalar momentos inolvidables. Siempre habrá alguien a quien expresarle un profundo sentimiento y jamás dejarán de existir motivos para demostrárselo con un lindo detalle; por eso, Almacén Joyería MARCLE, tiene para usted y toda su familia, el regalo perfecto para cualquier ocasión. Toda una variedad en billeteras, bolsos, llaveros y carteras en cuero, de la marca Trianon; esferos, bolígrafos y plumas en las marcas Parker, Montblanc y Lamy; morrales, cartucheras y maletas en la marca Totto; además, venta y reparación de relojes de todas las marcas, porcelanas, estuches, obsequios, pulseras anillos, aretes, collares y demás accesorios en oro y plata certificada.
Cafetería TELECORONA
65 Años, preparando delicias con sabor casero Contar historias y leyendas de personajes misteriosos o recordar anécdotas propias de la vida en el campo, era lo más fascinante y habitual de nuestros abuelos, cuando en los años 60´s, se reunían con amigos o vecinos, en alguna cafetería del centro de Facatativá y disfrutaban de un buen café, un chocolate o un agua de panela con queso, acompañados con almojábanas, mantecadas, empanadas o quizás decidían desayunar con un delicioso tamal santafereño o un exquisito peto caliente o lo que fuera, siempre y cuando haya sido preparado con amor, esmero y ojalá, en el lugar más distinguido y recomendado de la ciudad. Pues bien, ese lugar en el cual evocamos éste pequeño relato de añoranza y en el que se tejieron un sinnúmero de historias, se sellaron cientos de amistades y se reencontraron miles de familias, alrededor de una deliciosa preparación casera, aún existe en la actualidad y se encuentra ubicado en la carrera 4 # 6-51, en pleno centro de Facatativá; les hablamos de la Cafetería TELECORONA, un acogedor espacio diseñado para el delicatessen y las tertulias gastronómicas, fundado en 1960 por Doña María Leonor niño y Don José Pablo Fernández, un par de adorables esposos facatativeños que lograron construir entre recetas, fogones y sabores, un legado alimenticio para sus futuras generaciones y un Patrimonio Comercial para Facatativá. La Cafetería TELECORONA de Facatativá, cuenta con una calificada experiencia en la preparación de alimentos artesanales. La frescura, calidad y originalidad de sus productos, preparados con técnicas tradicionales, garantizan el disfrute y la satisfacción de sus distinguidos clientes y sus potenciales referidos. El típico tamal santafereño de Doña Leo y el delicioso Peto Cliente que ofrecía con gusto la querida “Mechitas”, son el punto de encuentro y la especialidad que han hecho famosa la Cafetería TELECORONA, al igual que el pernil de cerdo al horno, las arepas de queso, las empanadas, las tortas, las almojábanas, los sándwiches caseros y por supuesto, el infaltable peto caliente, el chocolate cachaco, el agua de panela con queso, el kumis casero, el salpicón o el masato de la abuela, una extensa variedad de delicias y recetas, heredadas por doña Luz Mery Fernández Niño y sus hijos e inspiradas en el amor, la dedicación, la amabilidad, la pulcritud y el sazón auténtico de Doña “Leo” y Don “Pablito”. No se quede con las ganas de probar las delicias caseras de la Cafetería TELECORONA en Facatativá, ¡de seguro que van a repetir! En sus 65 años de existencia, la Cafetería TELECOLORA es más que un emblema de la cocina tradicional en nuestra ciudad, es un baluarte de los sabores artesanales y un Patrimonio Comercial de Facatativá. Contáctelos, deléitese y haga sus pedidos al número celular 3125606000 o diríjase a la carrera 4 # 6-51, para ser atendido como usted se lo merece. .