Fuente Foto: https://business.com.bo/ Lección 68 En 1552, Carlos V estableció el tributo de los indios como impuesto directo y personal: del pago del tributo estuvieron exentas las mujeres, los caciques y sus hijos mayores, los indios que padecieron contagio o mortandad… y en 1578, se estableció que la obligación del tributo, afectaba a los varones entre 18 y los cincuenta años. El impuesto se pagaba en tres cuotas anuales, unas veces en oro y otras en frutos de la tierra. Antes de 1635, los indios de Facatativá estuvieron tasados por junto que por menor sale cada uno útil de demora al año en cuatro pesos y seis tomines de a nueve reales y dos gallinas y más el requinto. Esa tasa había existido desde 1609, cuando los naturales fueron tasados en una suma total de 380 pesos de 13 quilates y dos gallinas que han de dar en cada un año. Hay que anotar que el tributo fue colectivo, parte en oro y parte en especie. Más tarde se fijó el tributo individualmente en cinco patacones y tres reales más dos gallinas, pero el Encomendero lo apeló por ser corta tasa. Entonces en la visita de 1639, el oidor Gabriel de Carvajal estudió la petición del encomendero, pero confirmó la tasa anterior en los siguientes términos: “Taso a cada uno del ciento y sesenta indios útiles tributarios del dicho pueblo de Facatativá y desde la edad de 17 años hasta los 54 años cumplidos a que dé y pague de demora y tributo en cada un año al dicho Encomendero y al que adelante los fuere cinco patacones y tres reales y dos gallinas y más el requinto de esto para su majestad pagado de por mitad por los dos tercios de san juan y navidad de cada un año que es la misma tasa que hasta ahora han tenido”. En lugar de hacer tres pagos anuales, como se había establecido en 1532, tuvieron que hacer dos en las fiestas de San Juan de Navidad, empezando en San Juan de 1639. Para asegurar que los indios pudieran pagar las dos gallinas, decretaron que los indios deberían tener crianza de gallinas y que cada indio tenga obligación de tener en su casa doce gallinas y un gallo. Se prohibió el cobro de una tasa más alta y su conmutación con otros frutos. Los caciques para comprobar la muerte de un tributario, tuvieron que presentar una certificación expedida por el cura doctrinero, también tuvieron que vigilar bien que los nuevos tributarios pagasen y que los viejos salieses al cumplir la edad reglamentaria. Es notable el cambio de edad de los tributarios, entre 1578 y 1639, en 1578 entre 18 y 50 años, mientras en 1639 entre 17 y 54 años. Fue el deber del corregidor revisar anualmente la lista de tributarios para cobrar el tributo con toda claridad sin daño ni agravio. El oidor dio varias otras normas para el cobro que se encuentra a continuación: “Van tassados no por junto como hasta aquí se ha hecho… sino por cabezas… con que no se ha de cobrar de los indios huidos y ausentes, de quien no se sepa ni tenga noticias ni se puede cobrar, de las tales demoras y rrequintos, ni de los vivos por los muertos ni de los presentes por ausentes, ni de las mujeres viudas y solteras por sus maridos, hermanos y parientes difuntos y ausentes, de quien no se pueda cobrar”. En 1639, la tasa de Chueca fue de dos mantas y media de algodón de la marca y dos gallinas anualmente. El protector general de los naturales, Joseph de Planes, se quejó porque la tasa era demasiado alta, pues las dos mantas y media de algodón equivalían a cinco de lana al fijar la tasa, pero en el año citado, valieron más del doble. Entonces, por no ser capaces de pagar el alto tributo, los indios se ausentan y desamparan el dicho pueblo y dejan sus familias… El encomendero consideró la tasa muy baja y pidió que se aumentase, pero no la cambiaron porque en 1653, siguió rigiendo la tasa confirmada de 1639. En 1718, las tasas fueron así: En Facatativá paga cada uno en cada tercio tres patacones, dos reales y tres quartillos, y en Chueca, cuatro patacones y dos reales. Estas tasas incluyeron el requinto y probablemente tuvieron que pagar, además, las dos gallinas como en el tributo anterior. En 1759, en la visita de Joaquín de Amórtegui, se revisaron de nuevo las tasas. Para Facatativá, fue de cuatro pesos, dos reales, veintisiete y un octavo maravedíses (aunque los corregidores cobraban seis pesos y cinco reales), más las dos gallinas. La Tasa de Chueca en ese mismo año fue de nueve pesos, dos reales, tres y medio maravedíses, que le pareció excesiva al oidor Amórtegui y por lo tanto decretó una nueva tasa de cuatro pesos, dos reales y doce maravedíses, un poco menor que la de Facatativá. Generalmente los indios se sustentaban y tenían para pagar sus demoras y requintos con los productos de sus tierras y labranzas, pero también necesitaban de los salarios que recibieron como concertados y alquilados, para el sustento y paga de sus tributos. Los tributarios sin tierras para sus labranzas encontraron muy difícil y casi imposible, el pago de tributos. En 1806, cuatro indios tributarios de Facatativá, estuvieron sin tierras de labranza y por esto, los capitanes exigieron la entrega de una estancia que tenía en arriendo el Señor Xavier Pérez. – Un testigo dijo: “a estos cuatro tributarios no les han dado tierra que necesitan para el trabajo de sus labranzas y pagar los tributos y han visto a estos sobredichos tributarios que, por no tener la tierra propia para labor de su trabajo, andan de una parte a otra ganando el real; y que por el conocimiento que tiene el declarante de la pobreza de estos indios, vaya que necesitan del pedazo de tierra que los capitanes litigan con Xavier Pérez.” Los caciques y capitanes
¿Quién es el responsable?
Colombia lloró y despidió con dolor e indignación, al senador y precandidato presidencial por el Partido Centro Democrático, Miguel Uribe Turbay. Las balas asesinas del odio petrista, acabaron con la vida del máximo opositor al gobierno del HP Gustavo Petro. La voz firme, implacable e invencible que, desde el Senado de la República, confrontó, debatió y denunció con altura, respeto y argumentos, el mal gobierno, el odio, la corrupción y las mentiras del narco gobierno comunista que hoy dirige el país; fue silenciada para siempre, sin que las autoridades aún hayan presentado resultados, sobre los responsables políticos e intelectuales de éste magnicidio que conmovió a todo un país. De los culpables o autores materiales de este crimen de Estado, se sabe que 6 de ellos, aparentemente, están privados de la libertad y procesados por este hecho; pero, de los autores intelectuales, responsables políticos, instigadores y determinadores de éste magnicidio, aún no se sabe nada, sólo que hubo unos movimientos, mensajes, instrucciones, comportamientos y acciones que provocaron, indujeron, presionaron, motivaron y empoderaron a los sicarios, para que materializarán el atentado que acabó con la vida de un hombre que soñó y luchó, por un país libre, seguro y en paz. Pero, ¿quién es el responsable del magnicidio de Miguel Uribe Turbay?, esa es la pregunta que todos nos hacemos y que a la fecha, la fiscalía petrista aún no ha querido responder, por andar ansiosa, obstinada, angustiada y obsesionada en perseguir, enjuiciar, encarcelar y aniquilar al precio que sea, a los miembros y dirigentes del partido Centro Democrático en el país, mientras los corruptos y bandidos de la izquierda colombiana, siguen andando campantes por el país y por el mundo, evadiendo la justicia, despilfarrando el dinero de nuestros impuestos en drogas, travestis y prostitutas; favorecieron el clientelismo en las entidades del Estado, etc, etc, etc, en resumen, viviendo sabroso en el gobierno del cambio. Mientras el HP de Gustavo Petro crea a diario cortinas de humo y falsas hipótesis, en torno al asesinato de Miguel Uribe Turbay, con el único fin, de desviar la atención en las investigaciones del caso, los colombianos ya analizaron y se dieron cuenta que detrás del magnicidio de Miguel Uribe Turbay, hubo alguien con poder, dinero y odio, que hizo lo propio e incitó a que esto tuviera un fatal desenlace. Mandar borrar de la historia de Colombia, a los congresistas que no apoyen las reformas del cambio en el congreso de la república; empuñar una espada y declararle la guerra y la muerte a los colombianos que piensen diferente al gobierno actual; intimidar y atacar de manera directa, a miembros de la oposición, mediante trinos, redes sociales y bodegas virtuales progresistas; negar más de 20 solicitudes de reforzamiento en el esquema seguridad, para el precandidato de oposición, posteriormente asesinado; estigmatizar con odio visceral a los miembros de la oposición, desde tarimas presidenciales; reunirse de forma inexplicable y clandestina, con capos del narcotráfico acusados de magnicidios a precandidatos de oposición en Manta Ecuador, según informes de autoridades en ese país, entre otros, parecen ser indicios de que, ese presunto responsable político de la muerte del precandidato presidencial de la oposición, está entre nosotros y no en Abudhabi, Croacia, Francia, Uruguay, Centroamérica, Latinoamérica o EE.UU, tal y como lo afirman desde la Casa de Nariño. Gustavo Petro, cuando desatas el odio, alguien aprieta el gatillo. Juzguen ustedes. Miguel, tus ideas y tú legado, jamás será borrado de la historia de Colombia. Te recordaremos por siempre, descansa en paz.
Ariel Hernández Díaz
El poeta que le canta al llano
Medicina del Dolor
Facatativá recibe a la ELC en su gira de medios.
Durante su gira de medios realizada a lo largo y ancho del departamento, el gerente de La Empresa de Licores de Cundinamarca, Dr. Nicolás Forero Obregón, hizo una de sus escalas en el municipio más importante de la región Sabana de Occidente: Facatativá. Aquí, en el primer destino de su travesía, conversó y compartió sus avances, logros, experiencias, objetivos y proyectos que, desde la gerencia de la empresa de Licores de Cundinamarca, se han venido adelantando en pro del desarrollo, la cultura, el deporte, la salud y la reactivación económica en la región, todo a través de las marcas y los productos más representativos de esta emblemática empresa cundinamarquesa, como lo son: Aguardiente Néctar y Ron Santa Fe. Éste compartir con nuestro medio escrito y aliado comunicativo de la E.L.C., dejó ver los resultados, logros y el buen momento por el que pasa la empresa más importante del departamento en materia productiva, financiera, administrativa, ambiental, social, tecnológica y de solidez nacional e internacional. A ritmo de música llanera y en medio de la gastronomía y las delicias típicas de nuestro municipio, el gerente Nicolás Forero, compartió con invitados especiales del periódico de Identidad Propia, un rato de esparcimiento, ameno, agradable y de gratos recuerdos con comerciantes, líderes, artistas y demás seres maravillosos que, con cariño, hospitalidad y admiración, dejaron en él y su equipo de trabajo, el mejor recuerdo de Facatativá. El encuentro del Dr. Nicolás Forero con el periódico Identidad Propia de Facatativá, en su gira Regional de medios por el departamento, se llevó a cabo en el restaurante Parrilla Bar MANJUI.
La Facatativá del ayer…
Facatativá, la estación donde la historia se quedó a esperar el tren. Por: Wilson Rivera Fotógrafo Profesional de Facatativá Columnista Invitado. A veces pienso que la historia de Colombia no se escribió en los salones dorados de las capitales, ni en las actas de los congresos, ni en las encopetadas salas de los palacios de los sabios republicanos. Pienso, más bien, que la verdadera historia se nos fue quedando atrapada en los pueblos donde aún huele a leña y a agua panela, en los andenes donde la lluvia no cae: se queda a conversar. Uno de esos lugares es Facatativá, un pueblo que parece un suspiro detenido entre la sabana y las montañas. Cuentan los viejos, esos que aún se sientan en las esquinas a mirar cómo pasa el viento, que aquí pasó el país entero sin que nadie lo notara. Dicen que el general José María Melo bajó de su caballo una mañana de 1854, cuando la bruma era tan espesa que se podía cortar con cuchillo, y habló con los artesanos de la sabana sobre una república distinta, con menos coroneles y más pan. Dicen también que su voz se quedó resonando en las casas enormes del centro, donde decidió instalar su sede de gobierno. Y aunque su intento de insurrección fue barrido por las bayonetas de siempre, Facatativá le abrió sus caminos y su silencio rotundo, como si presintiera que algún día alguien escribiría sobre él sin miedo ni adorno. Muchos años después, estalló la Guerra de los Mil Días, y la patria se hizo trizas entre telegramas y cañones. Facatativá volvió a ser tránsito de hombres con hambre y rifles, paso de trenes con destino incierto. En su estación retumbaban los pasos de soldados que partían a pelear sin saber por qué, y que, a veces, regresaban sin alma pero con los ojos más abiertos. En el hospital militar del valle de Corito las tropas liberales curaron a sus heridos, en las casas grandes se escondieron manifiestos bajo los tapetes de las abuelas, y se rezaron oraciones que mezclaban santos y comandantes, vírgenes y consignas. Muchos hoy desconocen que en el alto de La Tribuna se libró una de las ultimas batallas de la guerra y como recuerdo, un arco decoró por años el centro de Bogotá. Y luego vino el siglo XX, con su aire de modernidad, pero sin limpiar del todo el barro de las botas. El tren, que había traído noticias y café, también trajo a los hombres grises que hablaban de progreso como quien habla de un milagro que no llega. Pero Facatativá, testaruda como siempre, siguió floreciendo entre la ruina. Las escuelas crecieron. Las mujeres empezaron a contar la historia desde sus ventanas. Los campesinos, que antes solo bajaban para el mercado en el parque principal, comenzaron a hablar de educación y derechos. Y aunque el país seguía girando como un trompo, este pueblo conservó su alma como se conserva una carta de amor: doblada, escondida e intacta. Porque si algo tiene Facatativá es memoria. No la memoria polvorienta de los archivos, sino la viva, la que se cuenta en las tertulias de los cafés, la que se canta en las guabinas y los bambucos que nos enseñó a disfrutar Luis Eduardo Rozo León, las que cuenta la sala museal que Jairo Armando Becerra y yo ideamos un día y la que se guarda en las piedras como como un secreto antiguo del paso de los primeros habitantes. Hoy, cuando Colombia parece olvidar cada día lo que fue ayer, Facatativá sigue siendo ese sitio donde la historia no se va, sino que se queda esperando el próximo tren. Y uno siente, al caminar por sus calles, que aquí todavía se puede vivir feliz. Porque este no es un pueblo que vive de la historia. Es un pueblo que la respira.
Asadero El Zipa
49 Años, con el mejor sabor, el mejor tamaño y la mejor calidad. Lo que, en 1970, comenzó siendo una de las panaderías más prestigiosas del municipio, llamada Panificadora Real, terminó convirtiéndose, desde 1976 y hasta la fecha, en el más grande, importante e icónico asadero de pollo de Facatativá, conocido como El Zipa. Inicialmente, estuvo ubicado en la calle 5 con carrera 5 esquina y se llamó “El Refugio”; nombre que surgió gracias a la peripecia de un hombre, víctima de una riña callejera, quien, por salvar su vida, terminó refugiándose en ese primer asadero de pollos que Don Luis Enrique Duarte Vanegas, puso en funcionamiento en Facatativá y que poco después, se transformó en “el papá de los pollitos” o mejor, en el pionero de los asaderos de pollos en el municipio. Tiempo después de abrir sus puertas en aquel punto estratégico de la ciudad, Asadero el Zipa se trasladó al sitio en el que, históricamente, se ha posicionado como un emblema del sabor y la tradición entre los demás en el municipio y convertido, en un Patrimonio Comercial de Facatativá, desde hace 49 años. Situado en la carrera 4 con calle 5, en la esquina del sabor, el Asadero El Zipa ha sido un referente de la cocina típica colombiana y un ejemplo de resiliencia, compromiso y perseverancia, cuando de emprender en familia se trata; prueba de ello, es el tesón, el amor y el esfuerzo, que le han puesto Luis Enrique Duarte Quintero y su hija María Fernanda Duarte, a ese valioso legado que les concedió con años de trabajo y entrega, sus padres y abuelos Luis Enrique Duarte Vanegas y Doña María del Carmen Quintero y que hoy, conservan intacto, vivo y próspero. El sabor del pollo asado en el Asadero El Zipa, es inconfundible, inigualable y único, así como su imagen y su razón social, ambos, inspirados en los primeros pobladores del Cercado de los Zipas y en su milenaria tradición gastronómica. Disfrute del mejor pollo asado y a la broaster de la ciudad, sus platos especiales y sus exquisitas sopas de menudencias, sopa de arroz, ajiaco y mondongo; platos a la carta, sobre barriga, carne asada, churrasco, pechuga a la plancha, mojarra frita, arroz con pollo, bandeja con pollo, chuleta de cerdo y muchas más delicias, con el sabor original de Asadero El Zipa. Además, los combos familiares y las deliciosas hamburguesas. No lo piense más, vaya y deleite el pollo más jugosito, doradito y con el mejor sabor, el mejor tamaño y la mejor calidad, que solo le da el Asadero El Zipa.
Almacén EN ELECTRO FERNÁNDEZ
57 años, irradiando buena energía en el corazón de cada familia. Haber hecho parte de las fuerzas militares en un contexto donde la violencia azotó drásticamente al país y en una época donde la radio y la televisión, habían nacido para ser un puente entre la sociedad y el Estado, hizo que Don Felipe Fernández Gelves, un pamplonita de nacimiento y facatativeño por adopción, pusiera todo su interés en la ciencia y el arte que, años más tarde, le daría la posibilidad de edificar un futuro promisorio junto a su esposa Aura Galvis de Fernández y su venidera familia. Aprender todo lo relacionado al manejo, mantenimiento y reparación de toda clase de circuitos, conexiones y sistemas integrados de radiocomunicación, fue crucial y muy oportuno para que don Felipe, direccionara sus conocimientos y sus habilidades en la electrónica y las encaminara hacia su nuevo proyecto de vida, pero esta vez, por fuera de los batallones, los camuflados y la doctrina castrense que promueve la defensa de la patria. Todo comenzó en 1968, con la fabricación de un rústico equipo de sonido portátil, compuesto por un pequeño amplificador y una vieja corneta, el cual tenía como destino apoyar las actividades de las Juntas de Acción Comunal, en su propósito de colaborar con una noble causa para su comunidad; ahí en ese momento, nació en Facatativá el almacén En Electro Fernández, una idea pensada en brindar soluciones, a los múltiples inconvenientes eléctricos y electrónicos que, inevitablemente, se presentan en cualquier hogar colombiano. En ese año, Don Felipe y Doña Aura abrieron las puertas de su negocio en Facatativá y pusieron a disposición de toda la ciudadanía, un lugar en donde los radios, los televisores o cualquier aparato electrónico que haya sufrido algún daño, pudiese ser reparado de manera exitosa y continuara prestando el servicio para el cual fue creado. Por quebrantos de salud, en el 2008 Don Felipe Fernández Gelves, tuvo que apartarse del ejercicio que lo dio a conocer y lo hizo grande en el mundo de los circuitos, los conectores, los fusibles, las resistencias, las pantallas, la soldadura de estaño, los cables, etc., y dejara en su lugar, a la continuación de su sapiencia y sus virtudes, a dos de sus cuatro hijos: Iván y William Fernández Galvis, dos seres humanos excepcionales con el mismo carisma, cordialidad, rectitud, humildad, responsabilidad y vocación de servicio, propios de su padre. Ellos, junto a su selecto grupo de experimentados y leales trabajadores, se mantienen al frente del almacén En Electro Fernández, un lugar que, a lo largo de 57 años de existencia, ha evolucionado para ofrecerles el mejor servicio, la mejor calidad y el mejor surtido, a los mejores precios; allí encontrará todo lo que usted necesita, para el buen funcionamiento de su hogar o su lugar de trabajo. Lámparas, extensiones, cables, iluminación, grifería, calentadores, duchas eléctricas, repuestos para ollas a presión, estufas a gas y eléctricas, licuadoras, lavadoras, neveras, televisores y radios; además herramientas, estabilizadores, accesorios para baño, dispositivos eléctricos, contactores, accesorios para redes de cómputo y mucho más.
Un himno a mi tierra
En la conmemoración de los 425 años de Facatativá, queremos rendir un merecido homenaje a un hijo ilustre de esta tierra y a su legado cultural, representado en sus hijos y sus significativas obras, hechas poesías y hermosas canciones. Con estas líneas y un profundo sentimiento de gratitud y admiración, recordamos al abogado, poeta y escritor, Dr. Luis Eduardo Moreno Camacho, un baluarte en la historia y la cultura del “Cercado Fuerte al Final de la Llanura”. Luis Eduardo Moreno Camacho. Nació en Facatativá, el 24 de agosto de 1918, falleció en la misma ciudad, el 8 febrero de 1994. Estudió en el colegio Ramírez de Bogotá, adelantó estudios en derecho y luego se graduó como abogado, en la Universidad Libre De Colombia, fue Concejal, Secretario de Tránsito, Personero Municipal y Juez. Sus Padres fueron el poeta y abogado Campo Elías Moreno Bejarano y su esposa la señora Alicia Camacho Acosta. Se casó con la señora Etelvina Gaitán Azuero y de esta unión nacieron seis hijos: Aura Alicia, Eduardo, Luz Myriam, Álvaro, Gloria Graciela y Jaime. Como Escritor y poeta, dejo una obra literaria extensa; cabe destacar el libro “Ambos”, recopilación de cartas escritas en verso por el poeta Luis Eduardo y su esposa, la poesía “Mi Facatativá”, “Mis Tres niñas”, “Canción de los 15 años”, transformadas en canciones por Dr. Ricardo Álvarez Galvis. Compuso la Letra del himno de Facatativá, también con arreglos musicales del Dr. Ricardo Álvarez. Historia del himno de Facatativá En julio 18 de 1980, el poeta Luis Eduardo Moreno Camacho escribió una poesía titulada “Mi Facatativá” convertida en canción por el Dr. Ricardo Álvarez Galvis. Luego, en los encuentros de facatativeños, esta canción fue tomada como himno. El Dr. Camacho pensó en escribir un himno con toque marcial y en diciembre 6 de 1981 compuso la letra del himno de Facatativá. El Dr. Álvarez compuso la música, dando como resultado el hermoso himno, orgullo de Facatativá. Agradecimiento y bibliografía: Familia Moreno Camacho.
Facatativá en la prehistoria
Proceso de formación de Facatativá hasta su fundación • La formación del territorio de Facatativá en su parte física se formó con los Andes y un gran lago, hace 50 millones de años en el Pleistoceno. • Finalizando el Holoceno, en el altiplano cundiboyacense a ese período se le llamó Paleoindio 12.500 años (según Correal, Groot, Van der Hammen, Reichel-Dolmatoff) donde se encontró, una industria lítica, lascas prismáticas y laminares. • Estos datos indican que la llegada del hombre a la Sabana de Bogotá se produjo hace 12.500 años, la temperatura fue mejorando y se desarrolló el bosque andino y proliferaron distintos animales. Hay ocupación humana en la región de cazadores, que dejaron múltiples artefactos, raspadores, cuchillas elaboradas sobre lascas, así como raederas, fogones y restos de fauna hallados en estos yacimientos arqueológicos, combinada con la recolección de plantas y moluscos. • Hace 5.500 años A. C.), el período se le llamó la Herrera, había cazadores recolectores; se ubicaban en sitios cercanos a los cuerpos de agua donde podían cazar mamíferos, especialmente el venado, y animales pequeños y recolectar tubérculos. • Los grupos eran muy pequeños, no sobrepasaban los 25 individuos, construyeron adecuaciones del suelo mediante pisos de piedra en casi todos los sitios precerámicos, con la intención de permanecer durante más tiempo en el mismo lugar. Fueron los primeros agros alfareros, construyeron sistemas hidráulicos para el manejo de las aguas del río Bogotá y afluentes); en este período desarrolla la agricultura del maíz, fríjol y otros productos. Se desarrolla la textilería, alfarería, cerámica. En el Parque Arqueológico de Facatativá, hubo la presencia de pictografías y su relación con la ritualidad, y los abrigos rocosos que pudieron servir de refugio habitacional a diferentes grupos poblacionales asegurando una mayor estacionalidad. Llegaron los muiscas entre el 500 a.c. y el 800 d.c. una oleada de pobladores al altiplano cundiboyacense, cuya presencia está indicada por cerámica pintada y por obras de adecuación agrícola y de vivienda. Habitaron de manera dispersa en la parte seca de los valles donde mandaba un cacique o señor, con una organización política, administrativa, social, económica, las fronteras eran muy fluidas y dinámicas, conectadas mediante un amplio sistema de intercambio de productos, además, por el hecho de que los asentamientos se ubicaban en valles separados por montañas y zonas anegadizas que impedían altas concentraciones poblacionales. El cacique de Bogotá o Tisquesusa, dirigente de su comunidad, en sus ratos de esparcimiento iba a la “casa del monte”, Cercado de los Zipas” y en octubre de 1538 fue atacado por las tropas españolas quienes le dispararon, hiriéndolo de muerte. Los Usaques le enterraron según la costumbre en un sitio secreto. Con la llegada de los españoles, se inició el proceso de conformación de una nueva sociedad que integraba tanto las tradiciones muiscas y las hispánicas Estaba organizada en núcleos de población en Chueca, Pueblo Viejo, o Tocatativá, Teuta, Niminxaca, Chisachasuca. Rodríguez Freile cita: como, primer encomendero de Facatativá a Juan Fuertes, en 1540, de la tropa de Federman. Los verdaderos fundadores o civilizadores fueron los conquistadores españoles Alonso Olalla Herrera y Hernando de Alcocer, quienes llegaron al Nuevo Reino de Granada con Nicolás de Federman, pero no hay documento que confirme si la fundaron. Cátedra Facatativá 1107 Flores de Ocáriz sitúa la fundación entre 1540 y 1543. En marzo de 1575 la Real Audiencia tasó los indios Facatativeños para que cada uno pagara el tributo al encomendero. Los frailes mandaron construir la capilla doctrinera en la parte baja de Pueblo Viejo (Tocatativá) allí, los indígenas eran catequizados y les enseñaban, el idioma y nuevas técnicas agropecuarias. En 1595, había de tres poblamientos aborígenes importantes: Facatativá, Pueblo Viejo o Tocatativá y Chueca. “En autos o actas de Repoblación hicieron visitas a la región: la del Oidor Miguel de Ibarra el 29 agosto de 1594, el 3 de julio de 1600 el Oidor Licenciado Diego Gómez de Mena, el 17 de junio de 1639, el oidor Gabriel de Carvajal, con el fin de organizar una nueva ciudad española, pero no hubo fundación, sino repoblamiento. o reagrupamiento y se consideró hasta 1852 a Facatativá como Pueblo de Indios. Durante la colonia, Facatativá se hizo importante como lugar de escala en el Camino Real de Santa Fé a Honda y viceversa. Con el Acuerdo municipal 013 de 1993 diciembre 22 se legisla la “Efemérides de la fundación de Facatativá”. para el 3 de julio de cada año. Fuente: facatativa.com; colombiapis.com;