Por: Janed Rodríguez.

50 años de historias, recuerdos y una amistad que permanece

Alguna vez se han preguntado: ¿En qué andan esos amigos con los que compartían onces en el colegio? En 2020, en medio de un mundo que atravesaba tiempos difíciles, esa pregunta llevó a Nina Ramírez y a quien escribe estas líneas, Janed Rodríguez, a crear un grupo de WhatsApp de egresadas del Colegio Departamental Manuela Ayala de Gaitán, Promoción 1976. Empezamos siendo cuatro; hoy somos 24, repartidas entre Facatativá, Bogotá y hasta Estados Unidos. Poco a poco, entre mensajes y reuniones esporádicas, fuimos recuperando una amistad que había quedado guardada por décadas.

Cristina Rincón

Hace dos años surgió una idea que entonces parecía lejana: celebrar los 50 años de nuestra graduación. Llegar a medio siglo después de haber dejado las aulas no era una fecha cualquiera; era la oportunidad de volver a mirarnos a los ojos y recordar a aquellas jóvenes que, en 1976, cerraron un capítulo sin imaginar que cinco décadas después volverían a reunirse para celebrarlo.

En 2026 nos pusimos manos a la obra. Escogimos un lugar, organizamos la decoración, preparamos un programa sencillo y pensamos en un recuerdo para cada compañera. No queríamos algo ostentoso, sino cálido y significativo: unas flores, globos dorados, una torta y un brindis fueron suficientes para acompañar lo que realmente importaba… volver a estar juntas.

El día del reencuentro, todas llegaron puntuales, alegres y ansiosas. Pero les esperaba una sorpresa: habíamos logrado invitar a dos profesores muy queridos, la profesora Mery Lucía Rodríguez, de Química, y el profesor Jaime Buitrago, de Español. Cuando aparecieron, comenzaron las risas, los abrazos y los recuerdos y por unas horas el tiempo pareció retroceder hasta 1976.

La celebración incluyó palabras de bienvenida, un minuto de silencio por las compañeras que ya partieron y buena comida entre historias compartidas. Teresa Pradilla y Olga Hernández se conectaron de manera virtual para no perderse el momento. Y hubo alguien muy especial que, aunque las circunstancias no le permitieron acompañarnos físicamente, estuvo presente de una manera igual de entrañable: Cristina Rincón, quien nos envió un audio lleno de cariño que nos hizo sentir que también estaba allí.

De esta aventura nos quedó una gran enseñanza: la felicidad se compone de pequeños detalles. Cincuenta años después de graduarnos, descubrimos que, aunque la vida nos llevó por caminos diferentes, hay recuerdos que permanecen intactos y amistades que el tiempo no logra borrar. Quizás ese sea el verdadero significado de celebrar 50 años, no solo recordar quiénes fuimos, sino agradecer por quienes seguimos siendo y por el privilegio de volver a encontrarnos.