El Puente de las Ánimas, que conduce a la vereda de Pueblo Viejo; por este puente pasa el rio Botello (Tenequene). Estilo colonial, de mampostería se utilizaba para el paso de animales, de que llevaban las mercaderías y los artículos de comercio entre Facatativá y Zipacón. De bajas y fuertes columnas con estilo español y su extensión iba de acuerdo con el ancho del río y de la necesidad del lugar. Era paso obligado para la aduanilla y el control del comercio y de impuestos.  

En 1854 el general Melo instaló la sede de su gobierno en la calle 6ª número 2-43, costado occidental de la Plaza principal de Facatativá; establece el cuartel general para aprovechar la situación estratégica de la ciudad, y evitar las comunicaciones con el occidente del país. Como fueran continuas las deserciones, a fin de evitarlas fusiló en el “Puente de las Ánimas” a los desertores; por diversas causas en este sitio se han tejido leyendas de sustos y de apariciones. En una esquina del puente dice “La junta del camino de Anolaima en su administración de 1897”

Da paso a la vereda de Pueblo Viejo, en este puente hay leyendas de sustos y de apariciones Es un símbolo del Patrimonio Histórico de Facatativá, lugar donde las leyendas de los residentes en el siglo pasado, llenaron y enriquecieron los ámbitos de la tradición oral local. Las apariciones de las almas de los soldados que fueron ejecutados por orden del general Melo han sido innumerables.

Cuando pasaban las chicas jóvenes y bonitas eran perseguidas por el alma del soldado que había pensado que al salir de su servicio militar se iba a casar, él las enfrentaba para reconocer si era la novia que perdió a raíz de su ejecución.

Otras almas iban en busca de sus padres ancianos, porque habían quedado desamparados por la desaparición de sus hijos; en ocasiones a los borrachitos en especial a los que eran ferroviarios se les aparecían muchachas muy hermosas que los invitaban a bajar debajo del puente y tocando el agua, las muchachas se convertían en espantos.

A los que eran mujeriegos, a los mentirosos, a los que robaban eran asustados por sombras de perros que enfurecidos los atacaban y una buena tunda de mordiscos tenían como recompensa por sus malas acciones. Muchas otras leyendas de almas que vestían de españoles en noches de gran obscuridad llevaban sobre el lomo de los caballos, arcas o baúles muy pesados, llenos de oro, joyas. En las noches de luna llena se poblaba el lugar, de cóndores, que se colocaban en la parte más alta de los árboles dando a entender su poderío y su dominio de las alturas, como el dicho coreano” las aves fuertes bajan de lo más alto de las montañas y se posan en las copas más altas de los árboles”.